jueves, 15 de julio de 2021

...PORQUE PUES TOCA.

Toca estudiar, toca graduarse de bachiller, luego toca buscar una carrera profesional, después una especialización seguida de maestría, doctorado, y no se que más cosas haya después. Toca bautizarse, hacer la primera comunión, confirmación y casarse (esto por lo menos en el caso de la religión católica), luego tener hijos, comprar casa, carro y conocer el exterior. Toca aprender a bailar, a nadar, a conducir, toca hacer parte de una religión y cumplir sus mandatos, toca simpatizar con un partido político y votar, toca meditar y hacer Yoga para ser alguien "espiritual", toca volverse vegetariano en nombre del amor pero odiando al que come carne, toca tener redes sociales y darle "like" para poder ser visto o tenido en cuenta, toca tener un celular que no sea una "panela" o una "flecha" para poder, por medio de selfis, mostrarle al mundo lo felices, realizados, plenos y exitosos que somos, toca tener pareja y cumplir sexualmente cual actores porno, toca celebrar navidad, día de la madre, del padre, del niño, amor y amistad, San Valentín (la misma vaina pero de otro lado), semana santa (aunque a los no católicos no nos toca pero si la aprovechamos), toca celebrar el cumpleaños emborrachándose u odiar al que se emborracha en su festejo en un intento de olvidarse de si mismo, toca ser de izquierda, de derecha o de extrema centro, toca "ser vivo" y no ser un "pendejo" (pendejo entendido como alguien respetuoso), toca ver noticias y crearse una gastritis de pasada, toca tener una opinión y una respuesta para todo (y más aun si usted tiene un nivel académico alto) toca, toca, y toca, y nos podríamos quedar aquí eternamente nombrando todos los "toca", porque toca incluirlos, porque la inclusión también "toca", porque ni siquiera es algo que siempre nazca sino que toca, en resumidas cuentas toca ser algo que cuadre dentro de los limites del "toca".

¿Pero y entonces?, ¿nos excluimos del mundo?, pues no, solo paremos un momento, observemos, observémonos, veamos realmente y hagámonos conscientes de lo que nos "toca", y vamos a ver que en realidad eso que nos "toca" son unas pequeñas y sencillas normas que apuntan nada más a que no nos estrellemos los unos contra los otros; el resto podría ser una elección libre, consciente.

Todos podemos armar la dinámica de nuestra vida incluyendo todo lo anteriormente nombrado, solo hagámoslo de una manera consciente, para ver con claridad que es eso que realmente nos "toca".

GIOVANNI CASTAÑEDA

Terapeuta Transpersonal

domingo, 5 de julio de 2020

CONVERSANDO CON UN DESENCARNADO



Hace muchos años encontré un libro del cual no recuerdo su nombre, pero recordaba que había hecho una transcripción a mano, de un texto que encontré y me llamo profundamente la atención. Este texto es la conversación que sostiene alguien con la energía de una persona fallecida, charla que se dio gracias a la intuición y a la desarrollada clariaudiencia del entrevistador, habilidades que no son exclusividad de pocas personas, sino que por el contrario todos las poseemos, solo que poco trabajamos en desarrollarlas.
La idea de compartir después de tantos años esta “entrevista”, si así se puede llamar, no es poner sobre la mesa un tema para ser debatido inclinándonos de un lado al otro entre detractores y simpatizantes, no, la idea es generar simplemente un cuestionamiento propio relacionado con la visión que usted tenga de eso que llamamos “más allá”, la idea es que usted, por un momento, piense como ha sido o como es su relación con este tema, algo que al aclararlo para usted mismo, puede ayudarle a comprender y entrar en acción con el mundo que lo rodea de una manera diferente.
Para efectos de practicidad, vamos a llamar al clariaudiente o entrevistador, “persona”, y al entrevistado “espíritu”.
Bien, aquí vamos con esta particular charla:

PERSONA: ¿Por qué no podemos verte?
ESPÍRITU: Profundiza en el estudio.
P: ¿Eres alguien que ha vivido como nosotros?
E: Si, ya no.
P: ¿Cuándo terminemos esta comunicación sigues existiendo?
E: Sigo solo.
P: ¿Hay muchos más seres que están en la misma situación que tú?
E: Sí.
P: ¿Todos han vivido como nosotros?
E: No.
P: ¿Has existido como otras formas de vida?
E: Sí.
P: ¿Hay alguna parte de nuestro cuerpo, que viva como tú vives?
E: Del tuyo no.
P: ¿Eres energía pensante pura?
E: Sí.
P: ¿Quieres estar siempre como ahora?
E: No si lo consigo.
P: ¿Tienes que trabajar por un cambio?
E: Sí.
P: ¿Sabes a donde te lleva ese cambio?
E: No.
P: ¿Conoces las etapas inmediatas?
E: Sí.
P: ¿En qué sentido son mejores?
E: (no responde)
P: ¿Te angustia la pregunta?
E: Sí.
P: ¿Cuántos años hace que has muerto?
E: 92.
P: ¿Desde entonces permaneces como ahora?
E: No.
P: ¿Has cambiado?
E: Sí.
P: ¿Qué significa ese cambio?
E: No materia.
P: ¿Estas cada vez más lejos de la materia?
E: Sí.
P: ¿Cada vez más puro?
E: Sí.
P: ¿Crees que influye tu vida terrena en el futuro?
E: Sí.
P: Es decir, ¿Qué cuanto mejor lleves tu vida, más rápido avanzas?
E: No hay regla común.
P: ¿Después de la muerte se pasa a otras esferas?
E: Como tú lo entiendes, no.
P: Habla de grados o etapas en esa superación hasta que quieras.
E: Nosotros marcamos nuestros propios límites.
P: ¿Se puede ir adelantando tiempo en esta vida?
E: Sí.
P: ¿El alma es quizá el esfuerzo por plastificar el sentimiento interior?
E: Si tú lo crees así.
P: No, no lo creo así.
E: Entonces no será así.

La importancia de observar, de revisar, de pensar y tratar de sentir desde nuestro interior, como podrían ser las cosas fuera de lo obvio o lo evidente, como o qué es lo que somos, que pasa al desencarnar, que pasa con nuestra mente o que es eso que llamamos muerte, está directamente relacionada con la manera como planteas y como experimentas tu existencia terrenal.
La espiritualidad, para mí, no es una serie de reglas o decretos limitantes, sino la posibilidad de trascender todo ello a partir de la manera como nosotros mismos la concebimos.
En pocas palabras lo que quiero decirte es, arma tu propia visión de lo que es la espiritualidad, y a partir de ahí, comienza a experimentarla.

Si te interesa hablar sobre el tema, puedes escribirme.



GIOVANI CASTAÑEDA
Terapeuta Transpersonal

viernes, 13 de marzo de 2020

¡ DALE ACEPTAR !




Una abeja reina hace lo que tiene que hacer, una abeja obrera también, entre las hormigas pasa igual, las plantas crecen cuando, cuanto y en donde deban hacerlo, un perro es un perro y un gato un gato, por donde miremos en la naturaleza no hay pretensiones. Nacer,  crecer, comandar una manada, cazar, marcar un territorio, alejar a un enemigo o pelear por reproducirse no pueden, desde mi punto de vista, considerarse como pretensiones, simplemente son acciones manifestadas desde una posición clara, desde un objetivo, inconsciente quizá, de avance, evolución, desde la necesidad de aportar a una gran obra que quizá este ávida de nuestra mano.
Pero nosotros pasamos la vida pretendiendo, pretendiendo ganar por ganar, llegar al éxito profesional o económico, acumular, sea cosas o conocimientos , pasamos la vida queriendo llegar a la cumbre, pero cuando llegamos no la vemos, nuestro ego no la deja ver, porque siempre nos va a decir que necesitamos más, que esa no es la cima, que aún falta mucho por tener, ganar, acumular, pasamos la vida creyéndonos un cuento que nosotros mismos nos contamos en donde nos decimos que somos el gran aporte, cuando somos los últimos en la fila para hacerlo. Aun así podríamos aportar, pero para ello tendríamos que renunciar a esa falsa “condición superior” que nosotros mismos nos asignamos y que al final de cuentas lo único que hizo fue separarnos, pero aun así seguimos teniendo chance, aun así podemos hacer nuestro aporte, ¿Cómo?, ocupando el lugar que nos corresponde, sin juzgarlo, sin pretenderlo, sin querer hacerlo mejor, o más grande, o sin querer obtener a cambio lo que ese lugar no nos va a dar nunca, solo vivenciándolo, experimentándolo, tratando de comprenderlo, ocupándolo, nada más, creo que ahí está una gran clave, una de las claves terrenales para toda infelicidad e insatisfacción. Solo observemos nuestro entorno, nuestra vida presente, esa que obtuvimos gracias a nuestro “pasado”, eso que somos  y tenemos hoy es lo justo, es lo que debemos tener y lo que debemos ser, eso que hoy vemos, probamos, tocamos, escuchamos, pensamos, eso es lo que nos da un lugar, y aceptarlo es lo que nos puede liberar, pero nos da miedo, nos atemoriza porque desde pequeños nos dijeron que nuestro lugar siempre va a estar más allá del que estamos ocupando, y nos enredamos con ese cuento, no lo entendimos, no lo comprendimos y así pasa que tenemos un trabajo y queremos uno mejor, ganamos un sueldo y queremos un mejor, tenemos una pareja y queremos una mejor, compramos una casa y queremos una mejor, tenemos hijos y queremos más a ver si de pronto nos quedan mejor, nunca estamos satisfechos y nunca lo vamos a estar mientras, como cada hormiga o abeja, no aceptemos nuestro lugar, no aceptemos que ocupamos un espacio y que ese espacio, desde el mismo, sin pretensiones, ya hace un aporte, una labor, y que aceptar el lugar que en el momento nos corresponde nos va a dar la posibilidad de generar, sin lucha ni esfuerzo, un cambio de perspectiva con respecto a la vida, pues no se trata de que no podamos avanzar en la metas que nos planteamos, se trata que estamos acostumbrados a querer avanzar hacia esas metas sin siquiera vivir y aceptar la que ya hemos conseguido, es como querer subir un escalón sin disfrutar ni agradecer el que nos está sirviendo de apoyo. Queremos que la vida esté de nuestro lado pero todo el tiempo vamos en contra de ella.
Aceptemos que mientras queremos tomar la pelota con las manos, la pateamos con el pie, aceptemos que, en este medio, en este plano material de consciencia, ocupamos un espacio y ejercemos una labor, aceptemos que si ocupamos nuestro lugar dignamente vamos a eliminar tensión, angustia, insatisfacción, y que si eso pasa, vamos por fin a aceptarnos por lo que somos, pedazos de un dios que necesita volverse a integrar para dar un paso más, ¿hacia dónde?, no sabemos, pero de lo que si podemos estar seguros es que para dar ese paso, necesitamos realmente aceptar los zapatos que estamos calzando.
Mientras fluyan nuestros procesos, continuémoslos, cuando se estanquen soltémoslos, tomemos ese lugar para poder generar un cambio, no va a ser eterno porque la impermanencia nos rige, pero aceptémoslo por ahora, sin lucha, sin tensión, sin sentirnos  frustrados, porque ese lugar que acabamos de obtener, no es ni más ni menos de lo que deberíamos estar viviendo, y observémoslo para que veamos como aporta.
Y por favor, comprendamos esto, no tomemos esta idea como conformismo o resignación, no, la idea es avanzar desde la aceptación, no desde la tensión. La única forma para que usted llegue a un punto determinado es que primero se dé cuenta de cuál es el punto en el que esta, usted no puede llegar a Paris si primero no sabe, reconoce, y acepta que está en América, de lo contrario ¿Qué vuelo tomaría?, ¿Cuál sería la ruta adecuada?, así mismo pasa con cualquier objetivo en la vida, o cualquier situación difícil que se le presente y de la cual quiera salir, si no reconoce quien y que es lo que hace en este punto de su vida, difícilmente va a poder llegar a donde necesita.
Cuando no aceptamos lo que es, vamos en contra del momento presente, y cuando hacemos esto vamos en contra de la vida, porque esta solo consiste en este momento, nada más, y al ir en contra de la vida y no fluyendo con ella, ¿que podríamos experimentar?, pues dolor, insatisfacción, frustración, etc.
La aceptación no significa que no podamos cambiar las cosas internas que necesitamos cambiar, la aceptación significa que aceptamos la vida y que le decimos que no estamos contra ella.
Vivamos el momento que estamos viviendo, sin juicios, sin etiquetas, sin condicionamientos, solo aquí en el presente, pues no hay más, el resto hace parte de nuestra imaginación.



Este texto está inspirado en las enseñanzas de Eckhart Tolle y su idea de aceptación del presente como fuente de unión con nuestro espíritu.

GIOVANNI CASTAÑEDA
Terapeuta Transpersonal


jueves, 12 de septiembre de 2019

SOMOS VIAJEROS



Somos viajeros, pero nos confundimos en el camino.
Creímos que veníamos a conquistar, cuando en realidad estábamos de paso, echamos el ancla antes de poner a navegar el barco, nos confundimos en el camino.
Creímos que debíamos asentarnos y echar raíces, sujetarnos, atarnos, enclaustrarnos en nuestra reducida visión de la vida, nos confundimos en el camino.
Creímos que no había más existencia que la que entre todos nos ajustamos, hicimos disimuladamente  un trato basado en el miedo, nos confundimos en el camino.
Creímos que no éramos más que la carne que termino pudriéndose y las ideas que terminaron desvaneciéndose, nos menospreciamos, nos desvalorizamos, nos confundimos en el camino.
Creímos que nunca volveríamos y por eso en nuestro andar botamos el equipaje, ese que contenía nuestros bienes más preciados, nos creímos independientes, nos confundimos en el camino.
Hoy, fuera del cuerpo, fuera del tiempo, sin espacio, sin ideas, sin conceptos, sin emociones, sin definiciones o títulos, hoy en la nada que es el todo, nos reconocemos, reconocemos el camino y la confusión, y pedimos a gritos un pasaje de vuelta, pero es tarde, porque para volver solo hay una cosa que hacer, volver al camino e intentar recordar en qué punto nos confundimos.

Este es un pequeño homenaje a nuestra alma-consciencia, al espíritu que nos espera y al punto que nos quiere de vuelta.

GIOVANNI CASTAÑEDA
Terapeuta Transpersonal

lunes, 29 de julio de 2019

¡A LO UNICO QUE ESTAS OBLIGADO ES A SER FELIZ!



Casi nada. Contundente y radical nos suena una frase que escuchamos o leemos en repetidas ocasiones y que venida desde la publicidad, desde algunas  terapias alternativas o complementarias o desde diferentes  corrientes de pensamiento positivo, nos propone algo que puede llegar a ser tan complejo y abstracto como definir en si misma esa palabra, felicidad.
No sabemos con certeza que es o en donde está, pero la tenemos que encontrar,  se nos dice que estamos obligados a ser felices cuando ni siquiera se nos invita a ahondar en el origen de alguna insatisfacción. “Obligado a ser feliz”, eso cala, hace mella, eso se incuba en lo más profundo y nos condiciona a algo que en nuestra sociedad se convirtió en regla, y que se mide bajo unos parámetros que en muchas ocasiones lleva a las personas a asumir posturas perjudiciales para sí y para otros, parámetros, que aunque posibles de cumplir por algunos, se terminan convirtiendo en logros insuficientes y semillas de frustración.
La sola palabra “obligación”, ya de por si perjudica, nos vuelve vulnerables, temerosos, nos va a indicar un faltante constantemente, nos puede generar angustia, ansiedad, y  nos puede llevar a intentar gestionar dichas emociones  con métodos  poco hábiles como las adicciones, o los comportamientos autodestructivos, ¿y qué decir de la palabra “felicidad”?, ¿eso existe?, ¿alguien sabe cómo es?, ¿con que se come?, ¿Cómo se consigue?, quizás sí, el problema es que cada quien tiene su visión de lo que es la felicidad, cada quien la ve desde su perspectiva, cada quien la asume según sus creencias, su información interna, cada quien, y de alguna manera recordando a John Lennon,  la mide según su dolor. Entonces estar obligados a ser felices es como vivir intentando entregar una tarea que no sabemos cuál es, y por ende no sabemos cómo hacerla y ni siquiera a quien entregársela.
En cambio de obligarnos, invitémonos a ser responsables.
No estás obligado a ser feliz, estas en la capacidad de ser responsable de tu bienestar.

GIOVANNI CASTAÑEDA
Terapeuta Transpersonal

miércoles, 24 de julio de 2019

LA CLAVE ES OBSERVAR



Hemos crecido acostumbrados a enfrentar los problemas desde la lucha, el juicio, el señalamiento, nos hemos acostumbrado a buscar afanosamente una solución práctica e inmediata  a cualquier problema que se nos presente, queremos solucionarlo en un abrir y cerrar de ojos, con un chasquido de dedos, queremos solucionarlo sin siquiera verlo, observarlo, comprenderlo, cuando precisamente la clave está ahí, en la observación.
Observar el problema nos saca de nuestra zona de confort, esa que precisamente podría haber estado generando dicho conflicto, observar nos permite reconocer, comprender y de esa forma fragmentar el problema, desarmarlo, como cuando de niños desarmábamos un juguete para ver cómo funcionaba, y al hacer esto podemos reconocer que ese problema no tiene una existencia propia, sino que es el resultado de una interdependencia, es decir que está conformado por pequeñas partes que de una manera ilusoria nos hacen ver un monstruo fuerte y compacto en donde no lo hay. Observar nos va a permitir fragmentar el problema y al hacerlo este pierde energía, pierde fuerza.
Además de esto vamos a eliminar juicios, nos vamos a hacer responsables y al hacerlo podemos generar cambios, pues no podemos cambiar lo que no es nuestro, solo podemos cambiarnos a nosotros mismos y nuestra visión del mundo, al hacerlo atendemos el llamado que desde hace rato nos estamos haciendo y podemos comenzar a desarrollar nuestra tarea de vida, sin importar ni pensar si la terminaremos o no, pues lo importante es  comenzarla, ponerla en marcha, porque de esa manera habremos dado un sentido mucho más profundo a nuestra existencia.
Y parte de ello es mi trabajo, acompañarlo a usted a que observe, a que se observe, a que ponga en marcha la tarea comenzando a soltar ataduras y comprendiendo lo que su presente le está mostrando como necesidad, porque para dar un paso adelante, para subir un escalón, debemos abandonar el anterior. Mi trabajo a su lado no es cambiarle las cosas, no es solucionarle los conflictos, ni siquiera vamos a trabajar en que usted solucione un problema, mi trabajo es acompañarlo a que usted observe dicho tema, a que lo explore, lo comprenda, conozca el “por qué” y el “para qué “ lo está generando, lo cual le va a dar la libre opción de asumir una postura desde la cual pueda brindarle una solución, pero como tal cambiarlo o solucionarlo es una tarea suya y solo suya, esa es su responsabilidad como ser en evolución, solo que comprendiéndolo va a saber cómo.
Siempre nos quisieron enseñar a observar el exterior, es momento de comenzar a observarnos a nosotros mismos, a conocernos y ver como esos problemas que veíamos como monstruos se pueden convertir en aliados de nuestro desarrollo personal y de nuestra evolución espiritual.
Observar es la cuota inicial para cualquier cambio responsable.

GIOVANNI CASTAÑEDA
Terapeuta Transpersonal

lunes, 15 de julio de 2019

NO TIENES MIL PROBLEMAS, SOLO TIENES UNA TAREA



Todos llegamos a este mundo con una tarea por desarrollar, esta tarea va a determinar absolutamente todas las situaciones que vivamos en nuestra vida, tanto las placenteras como las dolorosas. Dicha tarea la ponemos en marcha a muy temprana edad gracias a una historia, a una vivencia en particular, pero esa historia y los personajes que la conforman no fueron quienes pusieron esa tarea en nosotros, no, no fueron nuestros ancestros, no fue nuestra familia, no fue el entorno de nuestra infancia, nuestra gestación o nacimiento, simplemente esa tarea ya la traíamos con nosotros cuando llegamos aquí, esa historia, esos personajes, esas vivencias, esos ancestros o ese entorno, fueron las herramientas que nosotros mismos elegimos para crear el escenario perfecto que nos permitiera comenzar a desarrollarla.
Ahora bien, dicha historia que permitió activar, poner en marcha nuestro propósito de vida, está ligada a unas emociones, a unas sensaciones y sentimientos que son los que en la vida diaria de una manera u otra nos van a afectar, porque en si la tarea no es la que molesta, porque incluso ella es necesaria para poner en marcha nuestra vida en este plano de existencia, esa tarea es como el botón de encendido de nuestro mundo.
Observar a fondo esas emociones y ubicar la historia a la que están ligadas, nos permitirá reconocer con claridad nuestra tarea y comenzar a trabajar en ella de una manera consciente minimizando el impacto que dichas emociones tienen sobre nosotros, permitiéndonos por primera vez elegir libremente la manera como queremos vivir, porque no hay una manera correcta o incorrecta de vivir, simplemente todo pasa por una elección propia.
Esto es hacer consciencia, esto es crear alma, esto es hacernos responsables sin señalar y sin juzgar, sin “lavarnos las manos”, esto es comenzar a reconocernos verdaderamente, sin mascaras ni disfraces,  para por fin comenzar a crear libremente nuestra vida.

GIOVANNI CASTAÑEDA                
Terapeuta Transpersonal